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El holocausto soviético

06.22.2005 · Guardado en Sin categoría

De entre todos los factores que pueden inducir a una sociedad a dirigirse en la dirección correcta, de todos los condicionantes que puedan influir en el comportamiento colectivo, la memoria histórica es uno de los más eficaces. Tenerla presente es sin duda la mejor arma para luchar contra la amnesia colectiva que parecemos sufrir en demasiadas ocasiones.
Será bueno, por tanto, recordar un capítulo terrible de nuestra historia; cuando los humanos hemos demostrado el lado más cruel de nuestra naturaleza. Cuando la muerte es una liberación del más horrible infierno en la tierra. Cuando la vida no vale más que el proyectil que penetra en un cráneo en cuyo interior no queda el menor rastro de esperanza. Cuando el hombre deja de ser hombre para no sentir, para no admitir una realidad cruel, para no ser… y morir.
Al hablar del holocausto nos referimos siempre al que sufrieron especialmente los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue algo terrible, absolutamente inhumano y salvaje. Sin embargo, me gustaría hacer justicia, porque hay otro más, quizá eclipsado por el primero, de catastróficas consecuencias para millones de personas. Y lo peor de todo es que, pese a ser liberados por su patria, que resultó vencedora en la guerra, ésta sólo empeoró la situación de esas personas, condenando para siempre a aquellos que padecieron y sobrevivieron a los crímenes nazis. Se trata del desconocido holocausto soviético.


El holocausto soviético no se limita a la masacre sufrida por los prisioneros de guerra soviéticos en los campos de concentración alemanes. No. Fue algo mucho más duro, convertido incluso en una carga adquirida por herencia. Desde occidente lo tratamos como un asunto lejano y olvidado, pero al mismo tiempo real, y demasiado presente todavía.
La situación de millones de prisioneros de guerra soviéticos fue terrible, la imagen más extrema del horror de la guerra. En los campos de concentración nazis, los soviéticos, como eslavos, eran considerados infrahumanos, seres no humanos pertenecientes a un nivel inferior que sólo podían servir y ser sometidos.
Y de este modo eran tratados por los soldados alemanes; como animales. Heridos, hambrientos, hacinados, y en la más absoluta carestía de higiene, cientos de miles de soviéticos murieron durante la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio.
Por supuesto, no tenían ningún tipo de asistencia médica. A los heridos graves sencillamente se les dejaba morir. Un hombre valía en la medida que fuera capaz de trabajar. Si no podía, no tenía sentido mantenerlo con vida. La comida era tan escasa que se dieron casos de canibalismo de forma habitual. Como confesó un ex-prisionero, Mikhail Badayév: ”en mi campo, las personas se comían unas a otras. Los prisioneros que llegaban estaban más gordos, pero, si estaban heridos, los otros se les lanzaban encima para cortarles un trozo de carne tierna con un cuchillo mientras estaban aún vivos. Al menos así podíamos comer carne fresca.”
Muchos fueron ejecutados en la propia URSS bajo dominio nazi por las implacables SS, otros murieron a causa de las heridas, del hambre o congelados por el frío. Los campos de concentración provisionales en territorio soviético podían ser simples vallados protegidos por centinelas en mitad del bosque o en un descampado. Sin más protección que sus ropas, tenían que soportar las noches durmiendo al raso, a temperaturas que podían alcanzar treinta o cuarenta grados bajo cero. Dormían en agujeros que cavaban en la nieve para intentar aislarse del frío. Nadie sabe exactamente cuántos murieron incluso antes de ser enviados a Alemania, pero a buen seguro fueron cientos de miles de vidas las que fueron sesgadas en la primera etapa de su cautiverio.
Pese a la elevada mortandad de los prisioneros de guerra de la URSS durante los primeros días tras caer prisioneros, unos seis millones de soldados rusos fueron enviados a Alemania o a algún campo de concentración nazi en territorio bajo su control, destacando Polonia. Más de la mitad de ellos no volvieron nunca, y cientos de miles de cadáveres se hallan hoy en día sin identificar en enormes fosas comunes.
Los soviéticos fueron transportados generalmente en trenes, en condiciones lamentables, mucho peores que las del ganado común. Podían no recibir nada de comida o agua durante días. El hacinamiento era absoluto, y junto al frío fue un factor decisivo para que decenas de miles de hombres murieran durante el trayecto. Una vez internados en los campos de concentración, trabajarían como esclavos en unas condiciones infrahumanas en un mundo en el que su vida no valía nada.
Especialmente a partir de 1944, gracias al avance soviético en el frente del Este, los prisioneros fueron liberados. Casi tres millones de soldados soviéticos cautivos recuperaron la libertad… y hasta este punto de la historia suelen llegar los libros de historia, pero la pesadilla no había terminado para los prisioneros soviéticos libertos. La historia real nos habla de una condena que se extiende durante décadas…
Como dijo Stalin, nefasto ‘padre de todos los rusos’ durante el curso de la guerra: ”Yo no tengo prisioneros de guerra. El hombre que ya no esté en condiciones de luchar debe pegarse un tiro. Los que no lo hagan, no existen.” Pero Stalin iba a llevar mucho más lejos esta cruel afirmación.
Para el dirigente soviético, ser apresado era una deshonra, y cientos de miles de prisioneros de guerra fueron considerados traidores a la patria, siendo ejecutados al poco de su liberación. De todos los demás, los que volvieron con algún objeto de valor (relojes, zapatos…) fueron en su mayoría fusilados para el posterior expolio de todo lo que poseyeran. Los restantes fueron empleados forzosamente a reconstruir las ciudades destruidas durante el curso de la guerra o fueron internados a la fuerza en gulags, donde trabajaron durante muchos años en un régimen casi esclavista.
Aquellos que sobrevivieron tras sufrir la desgracia de la guerra, el cautiverio en campos de concentración nazis y más tarde un nuevo internamiento de similares características en su propia patria, recibieron el perdón. Pero un perdón entre comillas, pues no hubo piedad para ellos. Habían luchado por su patria, sufrieron vejaciones inenarrables por parte del enemigo, y después su propio país les había tratado como a traidores. Para Stalin la palabra piedad no existía.

La represión sufrida por este colectivo fue muy similar a la de los desafectos al régimen durante el franquismo. Se les denegó el acceso a casi cualquier puesto de trabajo, y su condición de antiguos prisioneros constaba en sus documentos personales, afectando también a sus familiares más cercanos. Sus descendientes no podían cursar estudios superiores ni ejercer ciertas profesiones. Llenos de barreras y limitaciones, en el límite de la marginalidad, millones de ciudadanos soportaron durante décadas la opresión de un régimen más duro que cualquiera de corte fascista. Y esa opresión por parte del estado se mantuvo no sólo durante el mandato de Stalin, sino durante toda la guerra fría.
Finalmente, Gorvachov terminó con este sistema de marginación y persecución de los antiguos prisioneros. Para entonces, habían pasado más de 40 años de infierno en la Unión Soviética. La supervivencia de los prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial fue de apenas el 10%, y esta cifra todavía fue inferior en el caso de los soldados soviéticos. Se trata del otro holocausto, iniciado por los nazis, pero continuado durante muchos años por la propia URSS.
Enlaces
La Segunda Guerra Mundial
Koba, el terrible.

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5 Responses to “El holocausto soviético”

  1. Claudia Alcira dice:

    A mi me parece que mas fotos asi deberian ser publicadas, ahora en ineternet solo puras tonterias hay asi que apoyo de corazon a la memoria de todas las personas que fallecieron por la discriminacion!!

  2. Claudia Alcira dice:

    Al rato y Bush o el proximo presidente de los EEUU hace eso con los latinos jajaja… y yo me voy en la colada!!!

  3. JESUCRITO LE AMA Y QUIERE SALVARLOS EL ES LA SOLUCION A TODOS TU PROBLEMAS EN ELMOMENTO DE TU NECESIDAD BUSCALO Y CLAMA A JESUS Y VERDADERAMENTE TE DARAS CUENTA QUE EXIXTE UN DIOS DEBAJO DE LOS CIELO

  4. yo pienso que este hecho fue horrible y q esos malditos q hitler se pudra en el infierno por desgraciado

  5. q esto fue algo horrible

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