La doctrina PRISA
Íñigo Sáenz de Ugarte
El editorial de hoy (por el 19 de Agosto) de El País sobre las inversiones españolas en medios de comunicación latinoamericanos se podría resumir en esta frase: ¡Papá, papá!, ese niño me ha pegado y me ha quitado los caramelos.
Papá es Zapatero. El niño es Planeta. Los caramelos son las acciones del diario colombiano El Tiempo. Con otras palabras: el grupo editorial de El Tiempo ha vendido la mayoría de sus acciones a Planeta y rechazado por tanto la oferta de Prisa. En pleno ataque de cuernos, El País –o Prisa o las dos cosas– pide al Gobierno que apriete los machos a los países latinoamericanos para que levanten las restricciones a las inversiones españolas en medios de comunicación. Así no se pueden hacer negocios, oiga. Donde se puede, porque un competidor te gana por la mano, y donde no se puede, porque no se puede:
Más difícil resulta entender que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no exija y aplique cuanto antes el principio de reciprocidad, dentro de la liberalización más absoluta, con los Gobiernos de todas las repúblicas hermanas de América Latina. Estamos seguros de que todos los Gobiernos del área se mostrarán dispuestos a cooperar. Si alguno no quiere reciprocidad, será coherente entonces que las empresas de sus nacionales no tengan aquí más ni mejores facilidades que las de los españoles en ese país. De otra forma, los responsables tendrán que explicar por qué.
Como la United Fruit Company en Centroamérica. Si alguno no quiere reciprocidad, que parezca un accidente. Menos mal que son “repúblicas hermanas”.
Juan Varela cuenta que lo que ha dolido de verdad a Prisa son las razones ofrecidas por El Tiempo para justificar la venta. Según los colombianos, Planeta garantiza más independencia que Prisa. Y van y lo cuentan. Con un par. Está todo en la entrevista que el codirector de El Tiempo, Rafael Santos, concedió a su gran rival periodístico, El Espectador:
(…)
¡Virgen Santa! Apelan al honor para no vender las acciones a Prisa. Y a la independencia del periódico. Y a la transparencia, porque no tienen inconveniente en explicarlo en una entrevista concedida a la competencia. Vamos, como en España. Igualito.
Ante tamaña provocación, El País exige más liberalización. La aristocracia de los negocios que acudió al entierro de Polanco no podría estar más de acuerdo.
Los norteamericanos tenían la doctrina Monroe: América para los americanos (o sea, para EEUU). Nosotros ya tenemos la doctrina Prisa. ¿Qué importa si hay que aplicar la liberalización a golpe de presiones y amenazas a las “repúblicas hermanas” de América Latina? Quien bien te quiere te hará llorar. Hasta que sueltes las últimas acciones de la empresa que queremos comprar.
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