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¿Quién mató a Daniel Pearl? – La misma cara del Imperio

09.24.2007 · Guardado en Sin categoría


Es relativamente fácil encontrar información sobre los desmanes de los Estados Unidos en su “guerra contra el terrorismo”. Es fácil (fácilísimo) encontrar información sobre los intereses detrás de esos desmanes. Sin embargo, es harto complicado para alguien no especialista en la matería, encontrar información sobre el “otro lado” de esa guerra.
No es que sea dificil encontrar biografías sobre Ben Laden, libelos fundamentalistas contra los fundamentalismos, panfletos de los agitadores de la guerra de civilizaciones alertándonos contra el islam y lo que quiere hacerle “a Europa”. Personalmente, nada de esos libros me ha interesado nunca, pero el mismo tiempo que he dedicado a leer sobre el petroleo iraquí o el Gas y la heroína afgana, debería dedicar a comprender el atentado del 11 de Septiembre, la guerra entra La India Y Pakistán, etc. No creo que Ben Laden, Atta, Musharraf, Bush, Blair, etc. Sean más que músicos tocando una canción homologa y espantosa. Mafiosos gestionando el planeta.
Ese es el motivo por el que decidí leer un libro de alguién con el que, básicamente, no estoy deacuerdo: Bernard Henry Levi. Pero si uno lee sólo cosas de gente con la que está deacuerdo termina perdiendo la capacidad para pensar, así que decidí entrar en la propuesta de Levi en su investigación sobre el asesinato de Daniel Pearl (Periódista del Wall Street Journal, asesinado en Pakistán por una supuesta célula del “islamismo radical” vinculada a Al- Qaeda)
Levi, a pesar de un cierto narcisisimo, consigue un relato fascinante del cautiverio de Pearl, de su asesinato y de la busqueda de sus culpables.
Lo primero que llama la atención es pensar que si Pearl ha llegado a las concluciones a las que llega en el libro, casi cualquier agencia de investigación ha llegado a las mismas conclusiones y entonces uno se pregunta, ¿por qué no han hecho nada? Es la única respuesta que Pearl no responde.
En el momento en el que sus propias pistas le desvían de su tésis, opta por no investigarlas. Cuando descubre que Al Qaeda tiene una fuerte implantación en los Estados Unidos desde mediados de los ochenta, no se plantea investigar porque se tolera semejante cosa. Cuando descubre que el asesino de Pearl pertenece muy probablemente a los servicios secretos paquistaníes no se pregunta ¿cómo es posible que nadie más sepa ésto? Cuando descubre que los “oficiales” de la red terrorista han sido reclutados en lugares tan poco “islámicos” como el London School of economics, no se pregunta si Al Qaeda no es más que una forma moderna de ejercer el capitalismo. Una organización empresarial no ligada a un Estado que usa la religión como vehículo cultural para reclutar a sus miembros como otras organizaciones del capítalismo internacional usan la “lucha de civilizaciones” a la retórica de la agresión “a nuestro modo de vida”.
Con esto no quiero decir que Pearl ignore la evidente conspiración internacional que cubre el flagrante autogolpe que los EEUU se autoinfligieron el 11S. No me interesa tampoco la conspiración paranócia, que quiere reducir la complejidad del planeta a un malo, malísimo y demoniaco encarnado en los Estados Unidos. El enemigo no es el Estado Nación, que ha sido completamente superado y si EEUU demuestra algo con la lectura del libro es su profunda debilidad y su terrible error con la guerra de Iraq. Un fallo estratégico que está pagando muy caro.
Cuando Pearl descubre que mucho millonarios saudies ganaron mucho dinero el 11 de Septiembre y que los bancos donde lavaron sus divisas eran Europeos y las bolsas donde ganaron millones eran internacionales, etc. No pone en cuestión el sistema financiero y la globalización como problema. El sistema mundo imperial se despliega ante los descubrimientos de Pearl de forma bastante nítida y sin embargo él tiene otra obsesión, más filosófica, un intento por desentrañar “el mal”.
Yo no creo en “el mal”, sino en la razón instrumental y me suena todo mucho más creíble cuando describe lo que cobra un “soldado” de Al-Qaeda al mes, que cuando intenta analizar el motivo del sadismo con el que murió Pearl. Para eso, prefiero un buen libro sobre televisión y la dictadura de la imagen. Pearl considera que cortarle la garganta a Pearl y grabarlo en video es una muestra de horror incognoscible, pero lamentablemente, no es muy distinto a torturar a alguien en Abu Graib y grabarlo con el móvil. Ambas cosas son igual de horrorosas e igual de conectadas con nuestro mundo. Lo triste es que no tienen ningún misterio.
Su apuesta por un islamismo moderado (Sin duda, éticamente irreprochable) se queda coja ante la evidente lógica financiero-militar que sostiene toda la organización armada y toda la guerra global. El islamismo no es moderado, no porque no pueda haber una lectura moderada del islam (hasta laica) sino porque el capitalismo internacional necesita la guerra para sostenerse.
Pero claro, eso son mis conclusiones. No las suyas. Las suyas pretenden relacionar (a veces, a martillazos) A Al-Qaeda con los grupos que en los años 70 optaron por la lucha armada en Europa, por poner el ejemplo quizás menos acertado de su análisis.
El libro está lleno de datos sorprendentes, viajes apasionantes e invitaciones a pensar. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Guillermo Zapata

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