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La reforma de la selectividad: Más flexibles, más precari@s

09.21.2008 · Guardado en Sin categoría

Rebeca Moreno
“Otro de los objetivos de esta reforma es que los estudiantes puedan cambiar de opinión en el último momento, a lo largo de su carrera o de su vida, para reciclarse y volver a cursar otros estudios. Gobierno, comunidades y universidades buscan así más movilidad.” Así explicaba el país [1] el proyecto de reforma de la selectividad que dará acceso a los nuevos grados universitarios; proyecto que el Gobierno lanza, una vez más, en verano y en silencio.
Llega la selectividad a la carta. En sintonía con el discurso de la “autonomía universitaria” las reformas que vamos conociendo ahondan en la fragmentación del sistema educativo. Cada centro podrá modificar los baremos de calificación para el acceso a determinadas carreras, es decir, la nota de selectividad ya no vale lo mismo en cualquier Universidad. Lo que llaman autonomía no es más que desregulación, las universidades deben competir para captar clientes y para situarse lo más alto posible en el ránking, para convertirse, digamos, en “universidades de prestigio”. El proceso de Bolonia es un todos contra todos donde se individualizan cada vez más los itinerarios educativos: cada centro “perfila” la prueba de acceso y diseña sus Grados y sus Másters y cada estudiante va configurando su curriculum individual, que ahora se reduce a una larga lista de destrezas que recogen lo que la/el futuro trabajador sabe hacer. Vamos, la panacea de la libertad y la flexibilidad.
En primer lugar, es mentira que la Universidad gane autonomía. No nos cansamos de repetir que eso que llaman rendir cuentas a la sociedad no es otra cosa que someterse a la estricta vigilancia del mercado, que quiere utilizar los centros educativos públicos en beneficio propio convirtiéndolos en centros de formación de mano de obra precaria y flexible. La educación está bajo la atenta mirada de organismos erigidos en “guardianes de la calidad” cuyos baremos se establecen en función de criterios tales como la inserción laboral de las y los titulados, la presencia de docentes en contacto con el sector profesional o la “demanda social” de las titulaciones. No es que las universidades sean libres de ofrecer los mejores estudios (mejores según criterios académicos), es que no tienen más remedio que ofrecer los estudios más competitivos para captar estudiantes estatales y extranjeros en un contexto internacional concreto, en que Europa debe competir con Japón y Estados Unidos por liderar eso que han llamado “sociedad del conocimiento”.
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(gracias Enryke)

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