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Inmigración II: Las Huellas Negras Manchan Los Suelos Blancos (segunda parte)

12.17.2008 · Guardado en Sin categoría


18 de diciembre. Día Mundial de la migración
INMIGRACIÓN II: LAS HUELLAS NEGRAS MANCHAN LOS SUELOS BLANCOS (segunda parte)
África es el patio trasero de Europa y ésta lo administra sin complejos, hasta el extremo de haberlo convertido, valga la ironía, en el más negro de los continentes, con más de 1/3 de la población enferma y cientos de miles de seres erráticos, asolados por la devastación ecológica y la guerra.
Es ocioso hacer una lista de las grandes corporaciones europeas implicadas en esta sangría, de las cifras de su negocio, como del origen del material bélico con que se abastece cada una de las contiendas en liza. Tires del hilo que tires, todos tienen su cabo en Zurich, Londres, París, Berlín, Amsterdam, Oslo o Bruselas, por citar los centros más significados en relación al beneficio africano.
Sin embargo, una de esas legiones de desahuciados ambulantes que vagan en busca de resuello para sus vidas, ha tomado un rumbo imprevisto en los bien diseñados planes de Europa: se han decidido por seguir el rastro de esos hilos, el rastro del camino que sigue la riqueza expoliada de su tierra. Lo hacen en pateras y cayucos. Algunos alcanzan las costas europeas, otros quedan para siempre sepultados en la fosa común del Mediterráneo o del Atlántico noroccidental africano.
Los que felizmente logran pisar suelo europeo han cumplido su sueño, pero empiezan su pesadilla. Si son detenidos serán, tarde o temprano, deportados, después de sufrir reclusión de hasta 18 meses en un Centro de Internamiento. Su devolución será un calvario moral, puesto que estos emigrantes “queman sus naves” para migrar a Europa. Ante sí tienen la vergüenza social de no haber conseguido su objetivo, de haber hipotecado a su familia (a menudo varios familiares contribuyen -incluso endeudándose- para “colocar” a uno de ellos en “tierra prometida”), provocando un estado de precariedad insoportable para todos ellos. Muchos optan por no volver al poblado, vagando hipnóticos en busca de su nueva oportunidad, hasta su total deterioro.
Los que consiguen quedarse en Europa, inevitablemente, tienen que acomodarse en la capa más desamparada de la marginalidad, sin posibilidad de ser contratados, desarraigados de toda estructura social y condenados a medrar sin ninguna otra esperanza que subsistir un día más. El más optimista de ellos puede comprender el atolladero sin solución que es su futuro. Y, sin embargo, están atrapados en esta pesadilla que es el revés de su sueño africano.
Algunos países europeos -contados-, España entre ellos y porque es cabeza de playa para la inmigración africana, se han percatado de que no pueden seguir esquilmando el Sur, sin esperar una reacción adversa a sus intereses.
Estos países están destinando fondos para el desarrollo, no siempre bien financiados o bien definidos en cuanto a su trazabilidad e inversión; con el resultado de que muchos de estos depósitos lo que hace es promover la corrupción a distinta escala. Cosa que tampoco preocupa demasiado a Europa, siempre que se frene el flujo migratorio que es la causa de su migraña. Por ejemplo, fondos para el desarrollo han ido a manos de los dirigentes mauritanos, que a su vez han dispuesto, como respuesta agradecida a España, más control militar en sus aguas juridiccionales. A su vez estas autoridades, según su peculiar manera de compartir prebendas con estamentos inferiores, les concede a su ejército “permisividad” absoluta en la ejecución de su misión. Los soldados se emplean con toda la saña de los antiguos negreros. Abordan los cayucos, desvalijan el dinero y objetos de valor de todos los inmigrantes y les vacía los bidones de agua y gasolina. A veces directamente los asesinan para eliminar problemas. Los guardas marinas marroquíes operan con algo más de conmiseración, les roban los móviles y el dinero, y los abandona a su suerte.
Con esta distribución de los fondos, de ninguno o sesgado sentido respecto al pretendido desarrollo, se va desgranando podredumbre en cascada y se llega a una abominación de corte parecido al de las guerras africanas provocadas por los gobiernos y capital europeos, en su afán explotador.
El pan se consume y se vuelve a tener hambre. La construcción o la producción de automóviles no pueden responder al mismo criterio que la fabricación de pan. Occidente basa su modelo en un concepto industrial de crecimiento permanente. Es técnicamente inviable. Su crisis se ha ido aplazando con la incorporación de nuevos consumidores. Las sucesivas oleadas de inmigrantes han salvado del colapso al sistema. Pero cuando se alcanza la ansiada estabilidad, el inmigrante sobra.
Italia ya ha promovido una ley que identifica inmigrante sin papeles con delincuente. Otros países europeos le seguirán en esta carrera. De momento todos han acordado que el inmigrante indocumentado es acreedor de prisión preventiva de hasta 12 meses. Este tratamiento es una vileza de lesa humanidad, porque los inmigrantes ilegales no son delincuentes, no son prófugos de la justicia, son prófugos del hambre y la guerra.
Han llegado con sus cayucos y pateras sin robarle a nadie. Al revés, han pagado su viaje (con un precio abusivo para sus posibilidades) de vida o muerte. El viaje, en sí, es una ruleta rusa, pero, por lo menos, pueden jugarse la baza de la vida que ya la habían perdido en su tierra, robada por delincuentes -estos sí lo son- de las metrópolis europeas, de cuello blanco y mansión de lujo. Aunque, en esta perfidia, tienen patente compartida, los industriales, armadores, agricultores y ganaderos de toda Europa.
Caso Senegal: país de partida de centenares de cayucos repletos de inmigrantes indocumentados. Antes, miles de senegaleses utilizaban estas embarcaciones en la pesca atlántica. Pero desde que el presidente Abdoulaye Wade firmó concesiones de pesca con diversas firmas de grandes barcos extranjeros que saquean los caladeros, los nacionales se ven obligados a comprar una licencia de pesca que no pueden pagar, por lo que esta actividad ha dejado de ser su medio de vida. Del dinero pagado por las concesiones, nada llega a la población. El mejor uso que los senegaleses pueden dar a sus cayucos es utilizarlos como transporte hacia las islas Canarias. Esto ha alarmado al Gobierno de España, que ha optado por pagar a Senegal y Mauritania para que permitan la repatriación de los que llegan a las costas españolas. Todo ello revierte en más enriquecimiento para las oligarquías senegalesas, mientras la población se empobrece y desespera cada vez más.
Esta situación es textualmente repetible para caza, biocombustibles, aceite de palma, maderas tropicales, cacao, perca….. en cualesquiera de los puntos geográficos de África. Eso sin mencionar, la provisión de minerales, antes aludida. ¿Quién es el delincuente?
Hoy vienen huyendo desesperados del hambre y la violencia, pero un día puede que vengan reclamando lo que les pertenece y les ha sido sistemáticamente arrebatado. Desde el Norte de África ya se han dado avisos (la religión, Islam, se está transformando de doctrina-consuelo a doctrina-subversión).
Pero los europeos están demasiado ensimismados en la vorágine de su consumo, demasiado confiados en su prepotencia y demasiado engreídos en la superioridad de su modelo, para rectificar, para rebajar el despropósito de su sistema de vida y aplicarse el debido racionamiento que permita extender los beneficios a más gente, en vez del principio predador que invoca el “mucho para pocos”.
Se oyen voces decir que los inmigrantes vienen a aprovecharse del bienestar que con tanto sacrificio hemos conseguido. Pero el sacrificio real fue, y sigue siendo negro, el beneficio es, y sigue siendo, blanco.

Paco Botella Maldonado. Diciembre 2.008

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