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«La prima española bate un nuevo récord y llega a los 408 puntos básicos. El diferencial con el bono alemán, que cerró ayer en 387 puntos básicos después de una jornada aciaga en la que superó por primera vez los 400, vuelve a subir a la espera de la subasta de deuda de mañana y de la reunión del BCE.»

vértigo de la altura:
1. m. Psicol. Sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura o a que pueda precipitarse otra persona.
Fuente: DRAE
A estas alturas, tan cerca del precipicio, aún hay quien sigue buscando culpables fuera de España, algunos de ellos resulta muy llamativos: los mercados, las agencias de calificación, China, Merkel, Sarkozy…. una mano negra desconocida…
Lo cierto es que en el Estado español hemos sido durante años los más mediocres de los ricos y pronto seremos los más brillates de los pobres. Nuestros representantes nos incluyeron en ese selecto club de países solventes e industrializados llamado Unión Europea, y cambió nuestra moneda. No subió nuestro nivel de vida, pero sí hubo subidas generalizadas de precios: un café pasó, en pocas semanas, de costar 90 pesetas (54 céntimos) a costar 90 céntimos (150 pesetas).

Durante los años siguientes nuestras Cajas de Ahorros y bancos concedían prestamos hipotecarios de 300.000 euros a personas con contratos precarios a tiempo parcial (insolventes en potencia). ¿Garantías para el cobro? la de la propiedad hipotecada y, generalmente, también avalistas (la banca no podía perder). Consumimos, compramos, viajamos…. Podías escuchar hablar castellano prácticamente en cualquier ciudad del mundo, tal era nuestro afán viajero. En Nueva York fuimos conocidos como los “give me two” porque nuestra ansia consumista y nuestra facilidad para abrir la cartera nos distinguía en los comercios neoyorkinos de los visitantes de otras nacionalidades. Nuestros alcaldes luchaban entre ellos porque inaugurar en su ciudad la obra pública más cara y espectacular, proyectada por el arquitecto más cool. Vivíamos en el país del mundo donde Porsche vendía más unidades de su carísimo modelo Cayene. Eramos un referente mundial en el uso de las carísimas energías alternativas (todas ellas con tecnología extranjera), esas que aún pagamos con subidas desorbitadas en el recibo de la luz. La península se vió cubierta de vías de trenes de alta velocidad que, en muchos casos, paraban en estaciones vacías. Cada provincia tenía, al menos, una universidad pública y un aeropuerto…

¿Y cuál era el origen de tanta riqueza? ¿de dónde obteníamos dinero para tanto despilfarro? De la especulación con el ladrillo. Al menos aparentemente, porque también conseguimos parte de esa abundancia de vivir por encima de nuestras posibilidades, a costa del endeudamiento de las arcas públicas y de que muchos conciudadanos hipotecaran sus vidas a treinta años.
Ese club de ricos al que nos permitieron acceder se motró en realidad como un timo, una verdadera estafa: aquellos a los que tratamos de tú a tú, a los que llamabamos socios, sólo buscaban en nosotros áreas de expansión, un nuevo mercado. A día de hoy no hay nada que nos una a ellos sino la dependencia económica, la empresarial y un montón de deudas (entre otras cosas porque esa Unión Europea está muerta, pero ese es otro cantar).

A pesar de del despilfarro de estos años, habrá quien paranoicamente siga buscando un responsable en el exterior, un “conspirador oculto contra los intereses de Ejpaña”, un responsable de encontrarnos en la situación actual. Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos para encontrar unas causas que no están fuera, están dentro. Ese ‘ataque’ sólo responde a la debilidad de una economía carente de tejido productivo y endeudada hasta las cejas. Somos el antílope que, en los documentales de National Geographic, se queda rezagado por débil o cojo… y es el primero en ser alcanzado y devorado por los leones que persiguen a la manada.
Las agencias de calificación no son sino empresas que asesoran a sus clientes sobre qué país es o no solvente para atender a sus deudas, no es nada personal: no hay mano negra detrás. ¿Aún hay a quien le parece extraño que bajen la credibilidad de un país como Grecia, que ha reconocido que no podrá atender los préstamos a su vencimiento?
Esto se llama capitalismo, y estábamos encantados con él mientras nos creímos ricos.
Lo único cierto es que la fiesta acabó y que hay que saldar la cuenta que no pagamos al contado. Y los recibos comienzan a venir ahora. Agárrense, que vienen curvas.
La crísis, la nuestra, la de verdad… está a punto de comenzar. Ahora sí.

(Por cierto, ¿quedaría muy pedante recordar que algunos hace más de un año que lo veíamos venir?)

Fotografía: Vértigo
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