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Mil Grullas para Japón – Senbazuru for Japan

28.03.2011 · Guardado en La Arbonaida

Una antigua tradición japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de los dioses, tal como una vida larga o la curación de una enfermedad por grave que esta sea. 千羽鶴 o Senbazuru son un compendio de mil grullas de origami unidas entre si por una cuerda para cumplir esa tradción.
Sadako Sasaki (佐々木 禎子, 1943 – 1955) Sadako sólo tenía dos años cuando Estados Unidos hizo explotar dos bombas atómicas sobre la población civil de Japón. En el momento de la explosión estaba en su casa, a 1,5 km de la zona cero de la deflagración. Nueve años después, Sadako era una niña fuerte, atlética y con mucha energía. Mientras corría una carrera, empezó a sentirse mal y cayó al suelo. Le fue diagnosticada leucemia, conocida como «enfermedad de la bomba A».
Su mejor amiga, Chizuko Hamamoto, le recordó una vieja leyenda sobre alguien que realizó mil grullas en forma de figuras de papel (origami) y gracias a ello los dioses le concedieron un deseo. Con sus propias manos, Chizuko le regaló la primera grulla que realizó en papel dorado y le dijo: «Aquí tienes tu primera grulla». Sadako tenía la esperanza de que los dioses le concedieran el deseo de volver a correr de nuevo. Al poco tiempo de empezar su tarea conoció a un niño que le quedaba muy poco tiempo de vida por la misma causa, la leucemia, le animó a que hiciera lo mismo que ella con las grullas pero el niño respondió: «Sé que moriré esta noche».
Sadako pensó que no sería justo pedir la curación sólo para ella, y pidió que el esfuerzo que iba a hacer sirviera para traer la paz y la curación a todas las víctimas del mundo.
Con los prospectos de las medicinas y otros papeles que iba encontrando, Sadako llegó a completar 644 grullas de papel. Murió el 25 de octubre de 1955 (a los 12 años de edad) tras 14 meses de ingreso en el hospital. Sus compañeros de escuela, después de su fallecimiento, llegaron a completar el número, aportando las grullas que faltaron por hacer hasta llegar al millar.
Hace poco más de dos semanas que Japón sufrió un desastre cuyas consecuencias son aún impredecibles y desconocidas. Japón no es Haiti, ni en cuanto al  nivel de vida de sus habitantes, ni en la capacidad de organización y respuesta ante la adversidad por parte de la población. Pero es un pueblo que sufre, y merecen nuestra solidaridad y nuestros mejores deseos.
Mil grullas, para Japón se llama esta iniciativa solidaria que parte de la blogosfera andaluza, pero no tiene fronteras, pretende ser lo más amplia posible. Queremos hacer llegar al  pueblo de Japón nuestra solidaridad en estos momentos de  dolor, angustia y su sufrimiento. Y manifestarles nuestro convencimiento de que podran vencer sus problemas y seguir adelante. ¿Te animas? ¿a qué esperas?

Senbazuru for Japan

Senbazuru para Japón, desde Andalucía. Senbazuru for Japan from Andalusia.

Fuente leyenda: Wikipedia
Fotografía: Senbazuru for Japan
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Teoría y práctica

12.03.2011 · Guardado en La Arbonaida

Tras 30 años mi punto de vista ha cambiado, y el resto de los movimientos ecologistas también necesita un replanteamiento de sus opiniones, ya que la energía nuclear puede ser la fuente energética que salve nuestro planeta de otro posible desastre: el cambio climático.
Ambiestalista
La amenaza del cambio climático está muy cerca. Por eso digo que la energía nuclear es la única opción para combatir el cambio climático ahora.
Ex presidente de la URSS
La implantación de la energía nuclear, al menos con usos pacíficos, es “imparable” en el mundo.
Ex presidente del Gobierno de España
La aversión a la energía nuclear, apoyada en la más absoluta ignorancia, es recibida con agrado por millones de personas, que tampoco entienden nada del asunto, y sólo tiene dos explicaciones: o una obcecación que impide el normal funcionamiento de la mente o un oportunismo político que linda con la irresponsabilidad.
Catedrático de Física Atómica y Nuclear,
ex presidente del CSIC 
y de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Sin duda, la energía nuclear es una energía segura y barata que es mejor producir que comprar. Por tanto debemos dejarnos de demagogia pseudo-progre al efecto y es ridículo seguir insistiendo en los riesgos de esta energía o seguir llamándola contaminante: es segura y, en modo alguno, es la más contaminante.
Diputada española

The developments raised fears of a disastrous meltdown at the plant, which was damaged by Friday’s 8.9-magnitude earthquake, the strongest ever recorded in Japan.

“We are looking into the cause and the situation and we’ll make that public when we have further information,” Chief Cabinet Secretary Yukio Edano said.

Edano said an evacuation radius of 10 km (6 miles) from the stricken 40-year-old Daiichi 1 reactor plant in Fukushima prefecture was adequate. TV footage showed vapor rising from the plant, 240 km (150 miles) north of Tokyo


Mientras el número de víctimas por el terremoto de 8,9 en la escala de Richter que sacudió Japón este viernes se espera que llegue a superar el millar, las autoridades niponas están trabajando en otro frente: detener los problemas que se han generado en cinco reactores de dos plantas nucleares de Fukushima (a 240 kilómetros de Tokio), y que han obligado a ordenar la evacuación de unas 45.000 personas. Esta mañana se ha registrado una fuerte explosión en una torre eléctrica situada cerca del reactor número 1, donde el nivel de radiactividad había aumentado de forma alarmante. Hay densas columnas de humo blanco en el lugar de la explosión y varios operarios han resultado heridos.

en La Arbonaida: Haïti, La Honte

12.01.2011 · Guardado en Sin categoría

¿Alguna colecta? ¿un telemaratón en prime-time? ¿una pulserita solidaria? ¿un CD con intérpretes de primer nivel? ¿traernos en un avión de Iberia a una niñita enferma para que la operen aquí? ¿mandamos soldados?....

Algo, lo que sea, aunque al final no sirva para nada. Es que hoy se cumple un año del Terremoto de Haiti y, en días como hoy, algunos sienten una leve sensación de de vergüenza como integrantes de la especie humana. Es sólo para tranquilizar nuestra conciencia... nada más.





Fuente imagen: Trotamillas

¿Qué está pasando en Haití?

21.01.2010 · Guardado en Sin categoría

Más de 12.000 soldados norteamericanos desplegados (y subiendo).
Despliegue militar estadounidense en el palacio  presidencial.
– Toma de control y expulsión de los periodistas del aeropuerto de Puerto Príncipe.
La ayuda que no llega. (más)

Fran Sevilla, enviado especial de RNE, cuenta lo que está viendo en la radio y en su blog:

El objetivo de los recorridos de hoy era tratar de confirmar si se está repartiendo ayuda humanitaria, básicamente agua y alimentos que resultan ya imprescindibles. Yo, desde luego, no lo he visto. En ninguna parte y he recorrido un montón de zonas. Tengo la sensación de que el supuesto reparto de ayuda, que habría empezado ayer y que hoy se habría intensificado, no es tal. Tampoco he visto a los soldados estadounidenses llevando ayuda ni patrullando las calles, aunque se ha vendido como si ya todo estuviera solucionado: la carencia de alimentos y agua y la falta de seguridad. Los soldados no van a patrullar las calles, según han dejado claro sus mandos. Así que parece que lo de reforzar la seguridad en Puerto Príncipe no está entre sus objetivos. Pero bueno, quizás es mejor así, si no daría la sensación de una ocupación. Quizás lo sea de una manera indirecta, o más bien por una vía indirecta.

Retomo: no hay reparto de ayuda humanitaria de forma masiva, ni siquiera significativa. Se trata de un reparto muy limitado. Uno de los responsables de ese reparto me ha reconocido que no van a llevarlo al centro de la ciudad. “Sería suicida llevar ayuda al centro”, me ha asegurado.

Imagen de previsualización de YouTube

Hay que ver lo desconfiados que somos los del antiamericanismo primario. Manda Obama diez mil soldados a Haití, y ya estamos sospechando segundas intenciones. Pero díganme, con la mano en el corazón: ¿acaso el Pentágono ha dado alguna vez motivos para tal desconfianza? ¿Es que la política exterior norteamericana durante el último siglo justifica tales recelos?

Isaac Rosa, Trabajar Cansa

Haití y la hipocresía

20.01.2010 · Guardado en General

Otro artículo interesante sobre Haití:

Todo el mundo habla ahora de Haití.

Claro, su terremoto llama la atención. Sus casas destruidas son fotogénicas, su palacio presidencial en escombros es espectacular, sus negros quejumbrosos tienen buena voz.

Y, además, están los aviones y las tropas de Obama, aviones y tropas que Haití conoce muy bien en otras circunstancias nada telúricas.

Y los socorristas de todos los países, que llegan de todas partes con su humanitarismo en ristre y sus perros especialistas en distinguir a vivos de muertos. Con eso y los ayes de los sobrevivientes se harán los noticieros de los próximos días.

Porque Haití puede haber sido semidestruido, pero con sus ruinas se harán periódicos y televisiones. Siempre hay un lado bueno en las desgracias.

Porque Haití ahora sí que es noticia.

Gracias a lo que el periodismo de entrecasa llama “las fuerzas de la naturaleza”, Haití es hoy noticia.

Ha necesitado un terremotazo de grado 7 y con epicentro a 15 kilómetros de Puerto Príncipe para volver a ser noticia.

Digamos que Haití ha pagado el peaje tarifario para ser noticia: miles de muertos, miles de viviendas y edificios en el suelo, gente aturdida por doquier, réplicas que no parecen acabar, una polvareda humeante que amenaza su cielo siempre azul.

Pero este país espectral que ahora se luce en las pantallas de cristal líquido es el mismo de siempre: 400 dólares de ingreso anual per cápita, más de nueve millones de habitantes sobre una superficie de apenas 27,000 kilómetros cuadrados, 50 por ciento de analfabetismo, una derecha presocrática empeñada en brutalizar a quien se atreva a intentar cambiar las cosas.

Hundido en la pobreza extrema y crónica, demostración plena de que hay países inviables, Haití es, más allá de males propios, el producto degenerado de años de intervencionismo militar estadounidense.

Estados Unidos lo tuvo bajo la bota de su imperio desde 1915 hasta 1934. No parecía ese un destino muy justo para un país que Francia había inventado como fábrica de esclavos desde el año 1697, tras arrebatarle a España parte del territorio colonial de la isla La Española, y que en una gesta sin precedentes, había sido liberado gracias a una guerra liderada por dos esclavos que terminaron derrotando a los franceses el 1 de enero de 1804, el año de su precoz independencia.

Esos dos Espartacos exitosos, esos dos gigantes de la epopeya anticolonial en el Caribe se llamaron Toussaint-Louverture –que moriría en Francia vejado y torturado- y su discípulo Jean Jacques Dessalines, que aplastó a las tropas imperiales francesas en la decisiva batalla de Vertierres.

Quizá los problemas de Haití empezaron cuando Dessalines, el primer guerrillero heroico de América Latina, se proclamó, para sorpresa de muchos, emperador. La trayectoria circular pudo empezar en ese momento.

Papá Doc, esa bestia sanguinaria y rapaz que se proclamó “Presidente Vitalicio” a partir de su elección en 1957, fue un ahijado de Washington. Y lo fue también su hijito y sucesor Jean Claude, el llamado Baby Doc.

Cuando eso ya no pudo sostenerse, entonces vinieron las elecciones supervisadas internacionalmente.

Y cuando las elecciones encumbraron a Jean Bertrand Aristide, un curita respondón y de izquierdas, entonces Washington frunció el ceño.

Pero Aristide no hizo mucho por justificar su fama de cura salesiano expulsado de la Orden por subversivo. De modo que Washington lo toleró.

Lo toleró tanto que hasta ayudó a reponerlo en la silla presidencial tras haber sido depuesto por el golpe del general Raoul Cédras.

Fue en el segundo mandato constitucional de Aristide cuando las cosas se pusieron feas.

Aristide restableció relaciones con Cuba, se acercó a la Venezuela de Chávez y propuso algunas tímidas reformas.

Estados Unidos respondió como siempre, aunque esta vez el golpe de Estado fue encubierto y tuvo una pincelada de sofisticación: en febrero del 2004 Aristide se vio obligado “a renunciar a su cargo” y fue embarcado en un avión bajo la vigilancia de una misión multinacional. Se exilió en la República Centroafricana y, más tarde, en Sudáfrica.

Ayer Aristide, lamentando la tragedia de su país por lo del terremoto, reiteró lo que todos sabíamos: que Estados Unidos estuvo detrás de su derrocamiento y que aquella “renuncia” fue una farsa.

Pero ese es el Haití que no es noticia.

Porque ni la violencia imperial ni el hambre ni la miseria como norma ni la corrupción como endemia ni el dolor silencioso de los miserables son noticia.

¿Haití ha sido destruido por un terremoto?

No lo creo.

Haití vive en estado de cataclismo institucional y nadie dice nada.

César Hildebrandt

(Gracias Rafa)

Los pecados de Haití

20.01.2010 · Guardado en General

Los pecados de Haití es un viejo artículo de Eduardo Galeano que está rulando por la red los últimos días, tras el desastre del terremoto sufrido por el país caribeño.

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

Eduardo Galeano

(gracias Mercedes)